Si creer es imaginar lo que no podemos saber, ojalá sea verdad todo lo que no se ve...

Has perdido algo?

lunes, 27 de junio de 2011

Dentro, dentro del espejo

DENTRO, DENTRO DEL ESPEJO, 1987. MICHELANGELO PISTOLETTO
Dentro del espejo estoy yo, estamos nosotros. ¿Dónde? ¿Cuándo?
Estamos dentro del espejo cuando estamos aquí y cuando estamos allá.
Yo me veo, o quizá no me veo, mientras tu me ves en el espejo. Pero no estamos sólo nosotros y quién hay aquí delante, ahora, y quién está lejos y, no obstante, dentro del espejo. Bien al contrario, nosotros también estamos dentro del espejo cuando no está aquí, delante de nosotros. Nadie puede huir del espejo. El gran espacio está en el espejo, el tiempo (entero) ya está en el espejo y el espacio tiene la dimensión del tiempo.
El espejo está en el fondo del pozo y lo podemos ver, pero quizá también esta bajo los muebles de nuestra casa, dentro de los árboles o detrás de nuestra cabeza, donde no lo podemos ver: ¿eres tú, el que me mira desde detrás, también, sin que yo lo sepa?
Los ojos son espejos, la mente es el espejo de los ojos y
las acciones son el espejo de la mente.
Ahora que el espejo ha salido a la luz del Arte, vemos, dentro de él, la historia, la historia brillante y resplandeciente en el espesor del espejo, y la vida que el Arte refleja en este espesor. Los sumerios que han salido del espejo han vuelto con los egipcios, los griegos, los árabes y los romanos dentro del espejo, han sido colocados encima del fondo de oro de los bizantinos, borrados por los iconoclastas y vueltos a dibujar por la perspectiva del progreso occidental, finalmente rota por el cúmulo de detritus del consumismo consumido.
En este espejo, el orden de la Venus atraviesa la mirada con una perfecta armonía, mientras que la usura de la costumbre separa, desintegra y transforma todas las imágenes. La conciencia percibe el inexorable absoluto en la realidad existencial, movimiento perpetuo del espejo que vuelve, sin
pausa, a su propia superficie.

Instalación

Baño turco


Venus de los trapos



jueves, 23 de junio de 2011

Cadáveres de araña en mi bañera

Llamen al forense y pidan hora en la peluquería.

Kasabian, con la música tan bajita, como no nos dimos cuenta?

Que mañana es noche de San Juan.

…y yo con estos pelos, ay madre, ni uno de tonta.

jueves, 16 de junio de 2011

Compromiso

Desde hace más de cien años los poetas descendieron de las cimas en que creían estar y caminaron por las calles, insultaron a sus maestros; ya no tienen dioses, se atrevieron a besar en la boca a la belleza y al amor, aprendieron los cantos de rebelión de la muchedumbre miserable y, sin dar muestras de disgusto, tratan de enseñarle los suyos propios.

Paul Eluard

jueves, 2 de junio de 2011

llovía

La otra noche, hacía ya rato que había anochecido y yo volvía ya a casa después de un largo día de trabajo y un pequeño rato con los amigos. De repente empezó a llover, observaba atontada desde el bus como a nadie parecía importarle. Ni al conductor que en un momento tenía todo el cristal poblado de diminutas gotitas, ni a las señoras que andaban en sandalias por la acera, los hombres en mangas de camisa que solo habían acelerado un poco el paso al caminar… Vi alguna chaqueta y ningún paraguas, pero afuera caía agua, yo la veía, estaba ahí y si alguna de las puertas del autobús se abría una brisa bastante fresca llegaba hasta mí para mantenerme despierta. Cuando baje saqué el pañuelo de la bolsa y me lo puse sobre la cabeza solo para disimular un poco hasta llegar a casa, parecía la primera noche con agua del verano y también parecía que a nadie parecía importarle. A veces, bueno, casi siempre, cuando llego y estoy sola por la calle suelo imaginarme que hay alguien de pie parado esperándome en la puerta de casa, alguien que ha venido a verme, que me espera impaciente, que simplemente está ahí, pero nada, esa noche tampoco. Me quite al pañuelo y saque las llaves, abrí mirando de reojo al cielo, es verdad que llovía, pero por un día podía no importar, ya llegó el verano, no pasa nada. Estas cosas no tiene remedio, cuando te vas haciendo mayor y las pequeñas cosas pierden o ganan más sentido e importancia que otras se va la persona que eres, como esas gotas que sabes que caen pero no te tocan. Cuando maduras no puedes estar pendiente del tiempo continuamente, ni esperar que te esperen personas que realmente no existen, pero eso no me preocupó demasiado esa noche, será porque al final por mucho que estuviera lloviendo no me moje demasiado.

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